¡Bendiciones profesor y compañeros!
A lo largo de las lecturas y de los videos de esta semana, uno de los aspectos que más me llamó mi atención fue la profundidad histórica y cultural que rodea a los idiomas hebreo y arameo, así como la manera en que estos lenguajes han influido tanto en la fe como en la historia de la humanidad. Aprender que el hebreo es una lengua semítica, llamada así por Sem, hijo de Noé, ayuda a comprender mejor sus raíces bíblicas y su conexión directa con los relatos del Génesis. De igual manera, entender que el arameo también es una lengua semítica, derivada de Aram, ancestro de Sem, muestra cómo ambos idiomas están profundamente relacionados y comparten un origen común.
Me resultó especialmente interesante el hecho de que, aunque el hebreo y arameo son considerados lenguas antiguas o “muertas”, su legado permanece vivo hasta hoy. El caso del hebreo es único, ya que es la única lengua muerta que ha sido resucitada y establecida nuevamente como lengua oficial de un país, Israel. En contraste, el arameo moderno, dividido arameo occidental y oriental, aún es hablado por un número reducido de personas, lo cual resalta la fragilidad y al mismo tiempo la riqueza de este patrimonio lingüístico.
Otro punto que captó mi atención fue la influencia de estos idiomas en el español y en los nombres propios que usamos como, amén, sábado, mesías, aleluya, así como nombres como Daniel, María, Juan y Sara. Esto demuestra que el hebreo y el arameo no solo pertenecen al pasado, sino que siguen presentes en nuestra vida diaria.
Finalmente, el estudio del alfabeto hebreo, el Alef-Bet, y el concepto de la gematría resultaron fascinantes, especialmente al ver cómo las letras tienen valor numérico y significado espiritual. Todo esto me permitió apreciar aún más la profundidad, belleza y relevancia continua de estos idiomas antiguos.