En cuanto a la partícula hebrea de interrogación, su función principal es introducir preguntas, y puede traducirse al español de diversas maneras según el contexto, como: ¿acaso…?, ¿es que…?, ¿…? (simple interrogación) o incluso con matices enfáticos como ¿de veras…?. Su traducción no es fija, sino que depende del sentido de la oración.
Respecto a los sufijos pronominales, además de indicar posesión o pertenencia, cumplen una función importante de complemento directo o indirecto dentro de la oración. Es decir, pueden indicar “lo”, “la”, “le”, “los”, etc., integrándose directamente a sustantivos, preposiciones o verbos, lo que los hace muy versátiles en la construcción del significado.
Finalmente, en relación con las palabras en estado constructo, estas requieren que se les agregue en la traducción un complemento que complete su sentido, generalmente introducido con la preposición “de”. Esto se debe a que el constructo expresa una relación de dependencia entre dos sustantivos (por ejemplo: “casa de…”, “libro de…”), por lo cual el segundo elemento es indispensable para completar la idea.